En La Habana que se fue, Cecilia León mira atrás, <<donde alberga lo más puro de su historia>>, para sacar a la luz sus recuerdos más íntimos, encarnados en la evocación de los seres más queridos. Consigue con sencillez y maestría hacer universales los sentimientos más comunes: en el cielo que cuida la bahía le sonríen los ojos de su abuelo, oye a la abuela charlar con la vecina, percibe aún el olor de aquel vestido de la madre buena o recuerda las madrugadas de lecturas con el padre. Antes, en aquella señora ciudad que guarda treinta años de su vida, La Habana, poco necesitaba para ser feliz, pero ¿y ahora? Ahora la sigue alimentando con su esencia, como expresa la autora, y consigue sobrevivir en el intento de crecer alejada de su magia, mientras sigue viva la pasión infinita, no se marchita la corola de fuego de su rosa. Vemos en estos versos la enorme facilidad de la autora para la mágica ensoñación que con pasión nos transmite y nos contagia. Y la evocación no es melancólica, sino alegre, ¿cómo lo consigue? Lo explica abriendo otra página de su biografía íntima con una imagen de fuerza arrolladora: en un lugar concreto de su amada ciudad, un día de aguaceros empezó un sueño que hizo vaciar todos los tinteros.
El resultado de esta rememoración desde la serena distancia de hoy es un libro de espléndida madurez, una poesía depurada, acunada por la musicalidad de la versificación y la sensorialidad del lenguaje, poblado de vocablos caribeños: guayaba, tocororo, yoruba, bongó o güira, con sus signos identitarios además: ron, limón, azúcar y angostura, arroz cargadito de enjundia de gallina. Cualidades éstas que hacen de la lectura de La Habana que se fue un goce de los sentidos, un cadencioso viaje por un paisaje de sugerente belleza.

Pascual Garrido

Primera edición: octubre 2010
ISBN: 978-84-92869-20-6
Nº de páginas: 72
Encuadernación: Rústica
P.V.P: 15 € más gastos de envío.

 

Cecilia León García